| Miedos infantiles |
[June 3rd, 2009|02:47 am] |
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Siempre fui un niño muy miedoso. Recuerdo que cuando alguna noche temía que llegase la mañana siguiente, por una visita al médico o un examen, imaginaba que quedándome despierto nunca llegaría a hacerse de día. Así que me acurrucaba debajo de la manta, luchando por mantener los ojos abiertos, pero inevitablemente al poco tiempo caía rendido. Qué rabia cuando mi madre me despertaba abriendo la persiana, y me daba cuenta de que me había dormido.
Ahora que he permanecido tantas noches en vela y he visto tantos amaneceres, sé que sólo hay una manera de eternizar una noche... pasándola a tu lado. |
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| Individualismo barato |
[January 5th, 2009|03:08 am] |
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Entre mis propósitos estará ser un poquito más malo. Me desprenderé de esta empatía que de vez en cuando irrumpe en mí. Aprovecharé cada ocasión, no me importará hacerte daño. Dejaré que todo fluya, que el azar realice su función, y disfrutaré con ello sin importarme nada en absoluto. Basaré mi vida en hechos reales, me olvidaré de Platón y no me ocuparé de amores inalcanzables que luego quedan en nada. Me preocuparé de que me gustes, y no de gustar. Realizaré aquellos proyectos que llevo años imaginando, no permitiré que te entrometas entre ellos y yo. Aún soy joven, y ahora que puedo, dejaré de hablar en futuro para hacerlo en presente. Soy libre de todos vosotros, a partir de hoy por mí y para mí. |
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| Fotos de una navidad ya acabada |
[January 3rd, 2009|03:34 am] |
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Me encanta volver a casa por navidad, el frío tibio de la costa, pasear por el centro, las luces, y el ajetreo típico de estas fechas. |
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| Se lo comió el gato! |
[December 25th, 2008|10:03 pm] |
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Sé que ando un poco perdidote, pero ahora mis pocas ideas y esfuerzos los estoy dedicando a la música. Pronto volveré con cosas nuevas :) |
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| Al final de la escapada |
[November 5th, 2008|04:13 am] |
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Desapareces con la llegada de la mañana. Sé que hace tiempo que me olvidaste, pero de vez en cuando te entrometes en mis sueños y trastocas mi realidad. Escuchar tu voz es como volver al pasado, a tus frases y a tus expresiones faciales, todo permanece en mi inconsciente intacto, como si no envejeciésemos, como si no hubiésemos madurado y viviéramos inmersos en una adolescencia infinita. Te veré cuando cierre los ojos, porque sabes que siempre me encontrarás al final de la escapada.
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| Sin destino alguno |
[September 27th, 2008|04:34 am] |
 Sé que aquella mañana tuve que apagar el despertador sin haber pegado ojo, el nerviosismo que en este tipo de ocasiones se adueña de mí me impidió hacerlo. En la estación esperé sentado una media hora, hasta que llegó el momento de partir, mientras tanto me ocupé de observar a la gente que iba de acá para allá apresurada, entre ellos turistas tirando de pesadas maletas o ejecutivos mirando sus relojes preocupados. Unos minutos después de haber subido al tren, éste se puso en marcha, muy poco a poco y en sentido opuesto al que yo me encontraba sentado. En aquel momento sentía cierto temor ante la incertidumbre de lo que iba a encontrar en mi lugar de destino, así que decidí apoyar la cabeza en el ventanal y relajarme escuchando a John Coltrane, mientras veía cómo iba dejando atrás kilómetros y kilómetros de paisaje.
Una vez hube llegado cogí mi mochila y bajé del tren. Me detuve impresionado por la multitud que discurría a mi alrededor, me parecieron ratones que se movían rápido junto a mí. Las horas que prosiguieron a mi llegada las dediqué a vagar por calles que no conocía, abstraído en mis pensamientos. Más tarde entré en un restaurante del que no tenía referencias, me senté en una mesa, e hice lo que siempre me pareció el súmmum de la tristeza, almorzar a solas, aunque al fin y al cabo, no era para tanto. Recuerdo que en una de las calles principales vi caminando con cierto aire melancólco a una chica preciosa, de pelo negro y tez pálida, sabía con certeza que sería la primera y última vez que la vería, y me puse a imaginar cómo sería la vida de aquella desconocida, a dónde iría o con quién se encontraría. Y fue, mientras sostenía un vaso de papel con café amargo y miraba aquel cielo gris contaminado, cuando supe a dónde me dirigiría.
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| Parando el tiempo |
[September 13th, 2008|04:24 am] |
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Es extraordinario ir despertando a medida que entra la luz por la ventana de mi habitación, y quedarme sobre la cama una media hora, rezagado, intentando recordar todo lo que he soñado esta noche. Me levanto, exprimo unas naranjas para desayunar y pienso, mientras me tomo el zumo, en estos días en los que parece que el mundo se hubiese detenido, en los que no tengo ninguna obligación que desempeñar. Después transcurro mi día absorto por las páginas de un libro, pasando una hoja tras otra, dejándome llevar en un silencio sepulcral. Necesito esta soledad. Me quito el reloj y nada ni nadie importan, vivo ajeno a todo cuanto acontece a mi alrededor, como si hubiese muerto. Imagínatelo. Yo ya no existo. |
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| Desde la azotea |
[May 23rd, 2008|05:42 am] |
 El taxista nos recogería quince minutos después de haber llamado, nos sentamos en la parte de atrás y le indicamos hacia dónde queríamos ir. Parecía un tipo callado, no era uno de esos que intenta darte conversación, se limitaba a lanzarnos miradas furtivas a través del espejo retrovisor, supongo que nos vería como a una pareja normal que iba a cenar a uno de esos restaurantes del centro, una más de tantas. Nos bajamos a dos manzanas de nuestro destino, le di el dinero y las buenas noches, cerré la puerta del coche y lo vi alejarse de nosotros a toda velocidad.
Ella era una chica que merecía realmente la pena, gozaba de una lucidez y picardía impropias de su edad, de un atractivo aspecto físico que llamaba la atención de todos, y de un exquisito gusto a la hora de vestir. Disfrutaba de su compañía y estaba dispuesto a perdonar alguno de sus devaneos amorosos. Paseamos durante un rato hasta llegar al bar que solíamos frecuentar, si algo teníamos en común era nuestra afición por el jazz y los tugurios con copas a mitad de precio. No es que estuviese especialmente lleno, pero desde la entrada el aire se nos hizo irrespirable. Cogimos dos taburetes junto a la barra, Martini para ella y Brugal-Cola para mí. Ambos movíamos la cabeza al ritmo de la música, era agradable y nos dejábamos llevar en silencio mientras nos mirábamos. Cada poco ella se apartaba el flequillo de la cara y daba una calada a su cigarrillo, me gustaba verla fumar, el gesto, la forma de coger el pitillo y de acercárselo a la boca. Fue durante uno de los geniales punteos de Grant Green cuando me dijo que me iba a dejar, me sonó tan cómico que empecé a reír a carcajadas, por poco me da un ataque al corazón. Cuando terminamos nuestra copa salimos de allí y la acompañé hasta su casa, durante el camino tan sólo se quejó del daño que le hacían aquellos tacones, ni una palabra más. Al llegar, le di un beso y me largué. No le pedí explicaciones, tampoco ella me las dio, al fin y al cabo, era lo de menos.
Al día siguiente en la oficina todo me daba vueltas, así que decidí salir a tomar un poco de aire, llamé al ascensor y subí hasta la azotea. A pesar del frío y las gotas que empezaban a caer, aquellas vistas me relajaban, y el viento que golpeaba mi cara con violencia me insuflaba vida. ¿Qué me quedaba por hacer? no voy a negar que por un instante me atrajo la idea de saltar al vacío y terminar con todo, pero desde allí no dejaría ni un cadáver decente para la posteridad. Volví a tomar el ascensor y bajé los veinte pisos que tenía el edificio, me despedí del portero y desde entonces me dedico a escribir junto a un vaso de Jack Daniel's con hielo sobre la mesa. |
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| Vida profunda |
[May 14th, 2008|03:26 am] |
 Con diecisiete imaginaba que a los veintiuno tendría una vida interesante, como en una de esas novelas del siglo diecinueve. Conversaría sobre literatura, cine o filosofía con la élite intelectual, iría a tomar café con las mujeres más guapas de la ciudad y mantendría intensas relaciones sexuales con todas ellas. Ahora que vivo en la inmundicia, me rodeo de indeseables que intentan demostrarme lo especiales que son, o intento conocer a alguna mujer que merezca la pena en la pista de una discoteca, me pregunto qué vida llevaré a los veinticinco, me conformaría con poder alejarme de esta mísera realidad que lo envuelve todo, y volverme a sumergir en esas fantasías repletas de conocimiento, esplendor y musas dedicadas a fomentar mi creatividad. |
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| Carreteras secundarias |
[March 27th, 2008|10:36 pm] |
 Los domingos por la tarde era habitual que mi padre me llevara a casa en su coche, ya que el autobús era agotador. Tomábamos el camino más corto, siguiendo una carretera secundaria llena de curvas, pero más rápida al fin y al cabo. En el primer tramo de ésta, ascendíamos y ascendíamos, tanto que los oídos llegaban a taponársenos. Me fascinaba mirar por el abismo que se abría a mi lado, la vegetación que cubría la zona y las casitas esparcidas por la ladera de la montaña. A aquella altura, por mucho que lo intentásemos, la radio no llegaba a sintonizar ninguna emisora, pero era curioso cómo ésta recorría el dial una y otra vez sin éxito, así que la dejábamos encendida, por si acaso. Al rato, la subida finalizaba y se abría ante nosotros una extensa planicie, cambiando el paisaje por otro más árido, cubierto de rocas volcánicas. Mi padre me contaba historias, casi siempre las mismas, recuerdo especialmente una sobre los maquis que se escondían en la sierra que discurre junto a la carretera, y de cómo un día un pelotón de la guardia civil la rastreó palmo a palmo hasta dar con ellos. De vez en cuando atravesábamos algún pueblo, todos de calles estrechas y sombrías, eran tan tranquilos, que tan sólo parecía que lo habitasen varios perros y algún que otro anciano sentado en el bar viendo el partido de fútbol de la semana. Carreteras secundarias que conducen a tu alma. |
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